La convicción no se mide en porcentajes
Por Federico Amorín Hace más de cincuenta años, en una conferencia que todavía incomoda a politólogos y consultoras, el sociólogo Pierre Bourdieu se animó a decir algo que sonaba a herejía: la opinión pública, tal como la conocemos (esa cifra que abre los portales de noticias un lunes cualquiera), no existe. No como magnitud real, homogénea, sumatoria de voluntades individuales. Existe como artefacto, como un instrumento fabricado para producir un efecto muy preciso, el de instalar la ilusión de un consenso donde en realidad hay un sistema de fuerzas, tensiones e intereses. «El equivalente de ‘Dios está de nuestra parte’ []