
¡Felicidades, viejo amigo! El Real Oviedo festeja su centenario por todo lo alto
March 29, 2026
SPORT
Cien años de historia. Quién iba a imaginar en aquel fatídico año 2003 que el Real Oviedo iba a soplar las cien velas. Poca gente. Sin embargo, muchos se dejaron la vida porque así fuese y, gracias a ellos, aquí sigue la entidad azul. Con la misma pasión que por aquel entonces y celebrando el año del centenario del Oviedín en Primera División, que se dice pronto.

Conviene no olvidarlo. El Real Oviedo estuvo a punto de desparecer. No es un recurso dramático: es lo que pasó. El club se asomó al abismo y tuvo que ser la propia afición quien lo salvara, poniendo dinero, tiempo y fe en algo que para ellos valía mucho más que cualquier cálculo. En 2003, apostar por el Oviedo no era razonable. Era otra cosa. Era oviedismo puro, que es exactamente lo mismo que decir irracional en el mejor sentido posible. Pocos clubes en la historia del fútbol español pueden decir que su afición tuvo que ver a su equipo desde el campo de al lado. El Oviedo puede. Cuando los azules jugaron contra el Astur en el Hermanos Llana, los aficionados se colocaron en la grada del Tartiere a ver el partido desde el otro lado de la valla. Esa imagen lo resume todo. No se fueron. No se resignaron. Se acomodaron donde pudieron y siguieron animando. Eso no lo hace cualquier afición, y desde luego no lo hace por un club al que no quieren de verdad. Por eso ayer importaba celebrarlo. No porque los centenarios sean fechas mágicas en sí mismas, que no lo son, sino porque este en concreto tiene una carga que pocos clubes pueden entender. Celebrar cien años significa, en el caso del Oviedo, que hubo gente que no se rindió cuando habría sido perfectamente lógico rendirse. Eso merece una fiesta. Merece varias. La lluvia deslució algo la jornada y la afluencia fue menor de lo esperado, tampoco había partido oficial en el Tartiere y eso siempre resta. Pero los que fueron, fueron con ganas. Más de un millar de oviedistas en la explanada del Carlos Tartiere, con carpa, con música, con el IX Día de las Peñas, con la plantación de un carbayu a cargo del ciclista Pelayo Sánchez y con la inauguración de las puertas del estadio dedicadas a jugadores históricos. Detalles que construyen memoria colectiva, que es lo que en realidad se celebra cuando se celebra un centenario. Hubo también momentos para el reconocimiento. La Aparo entregó el trofeo Herrerita a Vicky Rubiera, trabajadora del club desde 1989, en un acto que emocionó a todos los presentes. Ella no pudo estar, retenida en Zaragoza por un asunto familiar, y fue Carlos Muñoz quien recogió el galardón en su nombre. A veces los premios llegan tarde. Este llegó en el momento justo. Paulo Bento, segundo, estuvo presente y recibió su reconocimiento con la cercanía de siempre. Por Les Sacaveres, terceros, lo recogieron Manuel Lafuente y Pedro Centeno. Por la tarde, el partido entre los Amigos de Esteban y los Amigos de Cazorla llenó el Tartiere de caras conocidas y de nostalgia de la que no paraliza sino que recuerda de dónde viene la entidad. Y luego el festival, previsto hasta las cuatro de la mañana, porque cien años se celebran hasta el final. El Oviedo llegó a este centenario en Primera División y con el Tartiere lleno casi cada quince días. Nadie en 2003 habría firmado eso. Ni los más optimistas. Y sin embargo ahí siguen, discutiendo la permanencia con la misma angustia de siempre, que también es una forma de seguir vivos. Cien años. Que vengan otros cien. Eso sí, hay varios jugadores que por culpa de esta dichosa guerra civil que aún sigue latente, no pueden ver inaugurada la puerta que merecen en el Tartiere. Es de esperar poder ver en algún momento reconocidos a todos esos que son parte fundamental del Real Oviedo con mayúsculas.
SPORT
Coverage and analysis from Spain. All insights are generated by our AI narrative analysis engine.