
Un viaje a Mallorca cancelado en el último momento, una tanda de penaltis y un recuerdo "para toda la vida": así fue el partido de abonados en el Tartiere
March 28, 2026
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La final del Torneo de las Estrellas de Mahou se resolvió en el Carlos Tartiere con empate a uno entre La Colonia y Desquiciaos, y victoria final de estos últimos en la tanda de penaltis. Pero el resultado fue casi lo de menos: 35 socios del Real Oviedo cumplieron el sueño de jugar en su estadio, convirtiendo la tarde en un homenaje vivo al oviedismo, en su centenario.Cuando Sergio Gago tenía 7 años, el Oviedo no pasaba por su mejor momento.

El Tartiere ya no se llenaba y, en los descansos, los tornos se abrían. Así entró por primera vez, de la mano de su madre y su abuela. Me senté, miré el campo y ya nunca me fui, recuerda ahora. Aquel niño que soñaba con jugar sobre ese césped volvió ayer para cumplirlo. Lo hizo tras tomar una decisión. Tenía un viaje a Mallorca, pero cuando pasamos a la final lo pensé y supe que no podía faltar, cuenta. Cambió el avión por las botas. Y no se equivocó. Su equipo nació casi por casualidad. Nacho Jaren lo explica entre risas: Estábamos un viernes en la Plaza del Sol, tomando unas Mahou, vimos el código y dijimos: ‘¿Y si nos apuntamos?’. Se apuntaron. Pasaron la fase previa en El Requexón y acabaron levantando el trofeo en el Tartiere. En el campo es donde te haces aficionado de verdad, añade Jaren. Ojalá hubiera jugado aquí con el primer equipo, pero esto no me lo quita nadie, celebra.Enfrente estuvo La Colonia, una peña histórica que también convirtió la final en algo propio. Manuel Vega lo tenía claro antes incluso de empezar: Yo no cambiaría jugar aquí por hacerlo en el Bernabéu o en el Camp Nou. Para él, el significado iba más allá del fútbol: Sentirte parte del centenario es una ilusión tremenda.El partido arrancó a las 18:00, con el himno sonando y las gaitas marcando el paso de los protagonistas por el túnel de vestuarios. Cada uno salió al campo con su historia. Marcos Rodríguez, Kinos, no olvida aquel partido contra el Caravaca, cuando Curro pasó de héroe a expulsado en un momento. Fue un contraste brutal, me marcó mucho, decía. Para él, que pasó por la cantera, aquello también era quitarse una espinita.El partido sirvió para unir a dos generaciones de oviedistas: los que se enamoraron de los gloriosos años 90, y los que lo hicieron en la lucha por volver a Primera. A sus 38 años, Pablo Méndez, de La Colonia, aún recuerda el sonido de la radio que su madre encendía los domingos y por la que se colaban los goles de Carlos. Cuando era niño viajaba mucho con la Peña y tengo recuerdos muy guapos de aquellos años, se emociona Méndez que al pisar el césped no dudo en sonreír: Es un recuerdo para toda la vida.Cuando Gago marcó uno de los penaltis de su equipo, su viaje a Mallorca quedó en una anécdota. Un billete sin usar frente a un recuerdo imborrable. Él eligió quedarse, lanzar ese penalti y abrazarse a los suyos en el Tartiere. Y entendió, como aquel niño que entró gratis un día cualquiera, que no hay destino mejor que volver siempre a casa.
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