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Lo extraordinario en el Sporting
April 18, 2026
Posted 1 hour ago by
Hace unos días falleció José Emilio Santamaría, leyenda del Real Madrid, nacido en Montevideo y que, en nueve temporadas en nuestro país, tuvo tiempo de ganar cuatro Copas de Europa y seis Ligas. Luego, ya retirado, se hizo entrenador y fue el seleccionador español en el Mundial que se celebró aquí en 1982. Kubala había dirigido a España durante la última década y anunció su salida cuando concluyese la Eurocopa de Italia 1980, para fichar por el Barça.
Ese mismo verano, Santamaría estuvo al frente de la selección olímpica que nos representó en los Juegos de Moscú. Joaquín y David jugaron en Rusia. También Espinosa, que un par de años después llegó a Gijón desde el Castilla. Al marcharse Kubala, la Federación Española puso a Santamaría al frente de la absoluta para la cita del 82, en la que El Molinón fue una de las sedes y celebró varios partidos del grupo B, entre ellos el famoso Alemania Federal-Austria, donde siempre se sospechó de un apaño entre ambos equipos para clasificarse y eliminar a Argelia. Lo llamaron el ‘partido de la vergüenza’ o ‘el biscotto de Gijón’. Gijón estaba de moda. Santamaría convocó para aquel Mundial a Quini, Maceda, Jiménez y Joaquín. El Real Sporting estaba en Primera, peleaba con los de arriba, jugó dos finales de la Copa del Rey por aquellos años, el Brujo ganaba pichichis y, supongo, los guajes de aquella época no caían en la cuenta de que aquello era algo extraordinario. En México 86 estuvieron Ablanedo y Eloy, jóvenes estrellas de un Sporting renovado. Ablanedo repitió en Italia 90 y a Estados Unidos viajaron Abelardo, Juanele y Luis Enrique, que siempre fue ‘nuestru’, aunque jugara en el Madrid o el Barça. Un par de años después fichamos también a Julio Salinas. A partir de ahí nos conformamos con presumir de los que salieron. El propio Luis Enrique, el Pitu y, después, David Villa, que jugó un par de años en Segunda hasta que sus goles rebosaron los límites de Mareo, con el equipo hundido en el pozo, y salió de Gijón para hacer historia fuera y, de paso, salvar al Sporting de la ruina con el dinero de su traspaso. El equipo se eternizó en Segunda y solo sacó la cabeza dos veces, con Preciado y Abelardo, que encabezaron varios milagros consecutivos, inesperados y extraordinarios. Ya no nos quedan jugadores de los que presumir en el Mundial de este verano. Y eso que habrá un total de 26, con más variedad de equipos que nunca, pero ninguno del Sporting, ninguno formado en Mareo, ninguno que haya pasado por allí aunque sea medio año. Al Sporting solo le queda su gente, su historia, su afición. Lo extraordinario ahora es que más de 20.000 personas vayan cada dos semanas a El Molinón a ver a un equipo que en abril ya no lucha por nada. Lo extraordinario es que sigan viajando miles de sportinguistas a Miranda de Ebro, a Burgos, a León, a Leganés. Lo extraordinario es que en el Mundial de Estados Unidos, en 2026, haya más canteranos de Manfredo que de Mareo. Tienen suerte los nuevos propietarios de que en Gijón el Sporting no sea una moda pasajera porque, sin la afición que lo sostiene, al club ya lo tendrían que haber refundado. Tantos años de mediocridad deportiva nos han llevado a que hoy en Sevilla, a donde me he venido para hacer un programa especial por la final de la Copa del Rey, los de la Real y el Atleti conozcan más a Senén Morán que a Juan Otero.
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