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La UD Ibiza rompe su mayor problema
April 14, 2026
Posted 3 hours ago by
La fe mueve montañas. Y, si no, que se lo digan a la UD Ibiza. El equipo de Miguel Álvarez consiguió este domingo remontar un partido por primera vez en toda la temporada. Se dice pronto. Pero, sobre todo, se dice tarde para un equipo construido para mirar hacia arriba y que ha pasado demasiados meses sin saber reaccionar cuando el viento soplaba en contra.La capacidad de un equipo para resistir y sobreponerse a los golpes define su carácter.

Su resistencia. Su resiliencia. Y ahí, la UD Ibiza ha pasado de tener la mandíbula de cristal a empezar a forjarse en hierro. No es una transformación completa ni definitiva, pero sí un síntoma evidente de que algo se ha movido por dentro. Lo demuestran los últimos resultados en Can Misses: empatar un partido que perdía 0-2 ante el Alcorcón y darle la vuelta, 14 días después, a otro que volvió a empezar perdiendo ante el Juventud Torremolinos.Porque hay algo que ha sido una constante durante toda la temporada: a la UD Ibiza le cuesta entrar en los partidos. Y cuando lo hace bien y genera ocasiones, no las aprovecha. Y el fútbol no perdona. Sus rivales sí lo han hecho, adelantándose en el marcador y obligándole a remar a contracorriente.Los datos son tan fríos como demoledores. La UD Ibiza ha empezado perdiendo 15 partidos esta temporada, casi el 47 de los disputados y, curiosamente, los mismos en los que se ha quedado sin perforar la portería rival. Una cifra alarmante para un equipo construido para estar arriba. Pero hay un dato todavía más revelador: de esos 15 encuentros que ha empezado por detrás en el marcador, solo ha conseguido puntuar en cuatro. Un síntoma claro de un problema que iba más allá del juego. Porque cuando un equipo no reacciona, deja de ser una cuestión táctica. Pasa a ser mental.La historia comenzó pronto. En la jornada 3, ante el Marbella, los celestes ya tuvieron que reaccionar tras el gol tempranero de Álex Martínez en el minuto 5. Aquel día, el equipo dirigido por Paco Jémez tiró de orgullo para empatar por medio de Davo y rescatar un punto. Fue una excepción.Porque en las jornadas 5, 6 y 7, Atlético de Madrid B (2-0), Nàstic de Tarragona (0-2) y Juventud Torremolinos (3-0 en el minuto 21) dejaron al descubierto todas las costuras de un equipo bloqueado, sin respuesta y con una fragilidad impropia de su potencial. Un equipo que, cada vez que encajaba, se descomponía.Ni siquiera el cambio de banquillo cambió el guion de inmediato. En el debut de Miguel Álvarez, el Teruel asaltó el Palladium Can Misses con un gol de penalti de Blesa en el minuto 71, sin reacción celeste. Solo ante el Europa, que se adelantó con un tanto de Jordi Cano, el equipo fue capaz de rehacerse para empatar con un golazo de Bebé.Pero el problema persistía. Sabadell, Eldense, Nàstic, Real Betis B, Teruel, Marbella y de nuevo el Eldense encontraron la misma vía: golpear primero. Y les funcionó. En ninguno de esos partidos, la UD Ibiza fue capaz de revertir la situación. Se convirtió en una costumbre peligrosa. En una losa mental que pesaba cada vez más.Porque el rival ya no solo jugaba contra la UD. Jugaba contra su duda. Pero algo ha cambiado. Y no es solo el resultado. El pasado 29 de marzo, el Alcorcón, que llegaba a Ibiza con una sola derrota en sus últimos 13 partidos, se puso 0-2 en Can Misses a falta de 20 minutos. En otro momento de la temporada, el partido habría muerto ahí. Pero no. Esta vez, el cuadro blau cel no se rindió. Compitió. Insistió. Y acabó encontrando premio en el minuto 100 con un gol de Svensson que supo a algo más que un punto.Fue un punto de inflexión emocional. Porque el fútbol también va de eso. De romper barreras invisibles. De cambiar inercias que parecen inamovibles. Y este domingo, llegó la confirmación. Ante el Juventud Torremolinos, con el descenso acechando a solo un punto y los fantasmas revoloteando tras el 0-1 en el minuto 5, el equipo volvió a responder. Ya no hubo silencio en el estadio. Ni miedo en las piernas. Eslava empató tres minutos después. Y Fran Castillo, salido del banquillo en el 37, ajustició al equipo que le vio crecer apenas siete minutos después de pisar el césped. Una reacción inmediata. Instintiva. Casi automática. Señal de que algo ha cambiado. La segunda parte confirmó la tendencia. El equipo no solo supo defender la ventaja, sino que buscó el tercero, dominó el partido y sometió a su rival. No cerró el encuentro cuando pudo, pero tampoco sufrió como antes. Otro detalle que también habla de crecimiento. Porque competir no es solo jugar bien. Es saber interpretar cada momento.Encajar golpes forma parte del fútbol. Pero digerirlos y reaccionar a ellos es otra cosa. Es carácter. Es madurez. Es equipo. Y ahí es donde empieza todo. Donde se construyen los grupos que compiten de verdad. Donde se deja de mirar al suelo y se empieza a creer.La UD Ibiza ha llegado tarde a esa lección. Probablemente, demasiado tarde para pelear por lo que estaba llamado a pelear. Pero aún está a tiempo de que ese cambio marque su final de temporada, y, sobre todo, su punto de partida para el futuro. Porque hay temporadas que no se salvan por los resultados, sino por lo que enseñan. Y esta, si algo deja claro, es que sin fe no hay reacción.
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