
Los caminos del fútbol son inescrutables, nunca sabe dónde puede saltar la liebre. El Celta no es una excepción. A comienzos de temporada, cuando Giráldez dio la alternativa en el primer equipo a Miguel Román, pocos sospechaban la enorme influencia que el centrocampista gondomareño iba a tener en la construcción del juego y menos aún que el canterano iba a lesionarse gravemente en lo más alto de su pico de forma. Tampoco intuía el técnico celeste ni Marco Garcés, el director de fútbol, que la demarcación mejor guarnecida del plantel al arrancar el curso (5 jugadores para dos puestos) iba a quedarse bajo mínimos a dos meses de acabar la temporada, con el equipo en cuartos de final de la Europa League y peleando en LaLiga por repetir puesto en el continente el próximo curso. De algún modo, desde el pasado mes de enero, todo ha orbitado en el Celta alrededor del eje de la línea medular: las salidas, los fichajes, las lesiones y hasta la revalorización de mercado, esta última con el brutal incremento en la cotización de Román, desde los 2,5 a los 15 millones de euros. A comienzos del mes de diciembre, Claudio Giráldez tenía cinco mediocentros a sus órdenes: Damián, Beltrán, Sotelo, Ilaix y Miguel Román. La espectacular progresión de Miguel, el buen arranque de Sotelo y la jerarquía de Ilaix limitaron los minutos de Damián, lejos del nivel que se intuía que iba a dar cuando irrumpió el en primer equipo, y de Beltrán, un tipo siempre importante, pero al que no se iba a renovar en junio por estrategia de futuro y dinero. En este contexto, el Celta cedió a principio de enero a Damián al Racing de Santander, con la idea de que el canterano pudiese disfrutar en un equipo con hechuras de ascenso de los minutos que necesitaba para seguir creciendo. El club pensaba que cuatro pivotes bastarían para completar el curso, cuando a mediados del mes Beltrán pidió salir al Girona en busca del protagonismo que se le negaba en Vigo y el club vio en la petición del madrileño una oportunidad para quitarse un problema del medio, reducir masa salarial y obtener una pequeña compensación económica por desprenderse de un futbolista con un rol secundario que no entraba en sus planes de futuro. Sustituto en el mercadoPese Hugo Burcio y Andrés Antañón venían pisando fuerte en el Fortuna, el Celta decidió acudir al mercado en busca de un sustituto con experiencia para Beltrán. Así llegó, en el último día de plazo, Matías Vecino, exinternacional uruguayo de amplia trayectoria en la Serie A que daba a Giráldez la garantía de oficio que necesitaba. Avanzado el segundo tercio de la temporada, la vida y el fútbol sonreían al conjunto celeste, que avanzaba etapas en Europa y transitaba en la Liga con viento de cola hacia una nueva clasificación europea, sin contratiempos de lesiones. Pero a mediados de marzo, en vísperas del duelo de octavos contra el Olympique de Lyon, Miguel Román se fracturaba un dedo del pie izquierdo durante un entrenamiento y despedía de la temporada justo en su mejor momento de forma. La situación en el eje de la línea medular se complicaba tras el partido de vuelta en Lyon con la lesión de Matías Vecino, que sufría una rotura de fibras en el sóleo de su pie izquierdo con un pronóstico de unas tres semanas de baja. Al mismo tiempo, Ilaix Moriba, que estaba sancionado para jugar el último partido contra el Alavés, sufría dolores en la rodilla derecha y los servicios médicos le diagnosticaban una tendonopatía en el tendón rotuliano, sin ofrecer pronóstico de baja. No parece que sea grave y Giráldez cuenta con ambos para el decisivo tramo final del curso, a pesar de que los dos son duda para el próximo duelo liguero contra el Valencia, a la vuelta del parón de selecciones. Entretanto, el entrenador celeste ensaya alternativas, de momento en la propia plantilla, con Mingueza y Fer López, a quien ya había empleado contra el Espanyol, como acompañantes de Sotelo en el doble pivote.
March 28, 2026