
La historia los contempla
April 9, 2026
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En el tablón de salidas de Peinador parpadea una referencia: «Basilea PVG 1923». La fundación del Celta, convertida en el anuncio de su vuelo literal y metafórico. La historia contempla al equipo de Claudio Giráldez en ese camino de perfección que sus antecesores nunca han podido completar. Tal es el reto colosal que allá, a su frente, Estambul les exige.

Friburgo, rival y hoy también ciudad, se alza como el nuevo obstáculo en el sueño de disputar la final de la Europa League .HTML ID:122364472Algunos creyeron acariciar la consecución de ese empeño, plagado de derrotas pero nunca de claudicaciones, que define al Celta. Tres veces alcanzó Víctor Fernández los cuartos de final.Faltaron centímetros ante el Olympique de Marsella, sobraron minutos ante el Lens y a Markus Merk se le reprocharon sus sentencias ante el Barça. A Víctor lo superó su antiguo central, Eduardo Berizzo, que ha dejado al celtismo clavado para siempre en Old Trafford,debatiendo si Beauvue debió tirar o si Guidetti pudo haber rematado. Aspas prometió entonces que regresaría y ha cumplido, manteniendo al equipo en Primera y culminando el retorno en Getafe. Claudio y BerizzoEl siguiente paso consiste en igualar, al menos, esa semifinal de 2017 casi una década después. Claudio recuerda ser entonces un entrenador novato en la estructura de A Madroa, admirando desde tan cerca y a la vez desde tan lejos la obra de Berizzo. El tiempo ha girado las tornas y es ahora el argentino, en Radio Marca, quien expresa su gozo por cómo ha logrado Claudio compaginar Liga y Europa. «Es un privilegio la comparación, un orgullo», admite el porriñés. Similitudes y diferencias se entretejen. Claudio y Berizzo han sabido conectar con el alma céltica. Con Berizzo se jugaba casi siempre con los mismos y a lo mismo: esa persecución implacable del rival. Con Claudio aún no se ha repetido un once inicial y la apuesta varía. En el Europa-Park no dispondrá de Starfelt, además de los lesionados Miguel Román, Hugo Álvarez y Ristic y del sancionado Rueda. Sin el sueco, su baluarte en los centros laterales, mejor alejar al rival, apretándole el gaznate. «Teníamos la duda de si Carl iba llegar a viajar», dice sobre esa lumbalgia que el deber patriótico con su selección agravó. «Lo hemos considerado imposible y hemos preferido que se recupere». Pero ni siquiera se puede garantizar el bloque alto porque en este baile también la pareja imita y se distingue. El Friburgo, como el Celta, está edificando una etapa esplendorosa sobre la cantera y quiere, como el Celta, culminarla con el título que le falta en las vitrinas –descontando la bellísima Intertoto celeste–. Y como Claudio, Julian Schuster, un entrenador criado en la casa, se siente cómodo jugando al engaño. El estilo del FriburgoSu Friburgo, en fin, daña y sufre a balón parado. Es físico sin merma de técnica. Y se ha ha puesto a asfixiar a sus adversarios a pares en los últimos partidos después de meses jugando al contragolpe. Su disposición ante el Bayern se antoja un ensayo de lo que pretende hoy, sabiendo que los celestes han sufrido muchas veces en esas apreturas. Román lo remedió y privado de él, Claudio ha de decidir entre el músculo y la pausa sin Vecino ni Aspas, en teoría, como titulares. «Cada día que estoy aquí es un sueño. Trabajo para vivir momentos como éste y mejores, y que todo el mundo quiera más, siendo conscientes de lo que se está consiguiendo. Lo bonito es sentirlo así, con unidad, arraigo, y disfrutarlo juntos», ha declarado el porriñés, que considera «mentiroso sentir que es normal esto». Pero qué hermosa mentira en cualquier caso.
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