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Este equipazo no se merece descender
April 13, 2026
Posted 3 hours ago by
Al Levante, para tumbarlo y provocar que tire la toalla, hay que dejarlo sin vida. Y, mientras tenga motivos para creer y las matemáticas marquen que la permanencia entra en los parámetros de la probabilidad, nunca se detendrá. Siempre peleará hasta el último suspiro, por mucho que sufra golpes de diferentes magnitudes y presencie factores externos que desestabilicen su estabilidad emocional.

No fue fácil afrontar su partido después de las victorias de Sevilla, Elche, Mallorca y Oviedo, pero su triunfo contra el Getafe, picando piedra sin descanso y desafiando contextos de gran dificultad como el de hacer frente al entramado defensivo de Bordalás, no solo le da todo el crédito del mundo, sino que le permite soñar con la hazaña de la permanencia. Carlos Espí, reencontrándose con el gol y manteniendo su sobresaliente estado de forma, desató la locura de un Ciutat que nunca dejó de creer y que ahora, más que nunca, se ve un año más en Primera. Quedan 7 partidos y aún cuatro puntos que recortar, pero este equipazo, y esta afición gigante, no entienden de imposibles.Ganas al Levante no le faltan. Nadie duda de su voluntad. Y menos, en un Ciutat de València al que le importó poco que fuera entre semana. Da igual cuándo juegue su equipo. Sobre todo, si hay una permanencia en juego. Llenó, como de costumbre, sus gradas e insufló energía a un Levante que tardó poco en demostrar sus ganas de meterse tres puntos en el bolsillo. Tundé, a las primeras de cambio, conectó un pase de Toljan desde la banda que repelió el larguero, agitando un enfrentamiento que casi se tuerce debido a una metedura de pata de Alejandro Quintero que tuvo que rectificar el VAR. El colegiado expulsó a Carlos Espí después de que el ‘19’ pisase a Djené en un balón dividido, pero el contacto fue tan liviano que el color de la tarjeta cambió hacia una tonalidad amarilla que no rebajó el mosqueo de la grada. Menos mal, debió pensar Luís Castro. El canterano, ovacionado por el coliseo de Orriols tras recibir el premio de ‘Jugador del Mes’ de marzo por parte de LaLiga, molestó constantemente a una zaga del Getafe que se mostró resistente. Sin fugas sobre las que atacar. Una peinada de Pablo Martínez, que superó por arriba a David Soria para acabar en el fondo de la portería, fue la única vez, pero el ‘10’ cabeceó en posición antirreglamentaria que esquivó Dela, precisamente, a centro del centrocampista, pero su testarazo se topó con los guantes del ‘13’ azulón a cinco minutos del final de la primera mitad. Al Getafe, mientras, no había que perderle de vista. Rápidos a la contra, y encargado de que sucediese lo más mínimo sobre el césped del Ciutat de València, no renunciaron a generar tensión en las inmediaciones de la portería de Mathew Ryan. No atacaron en exceso, pero, tras un lanzamiento de Juan Iglesias que atrapó el arquero australiano, un centro a pelota parada de Luis Milla, pese a no encontrar rematador, lamió el palo poco antes del descanso. El paso por vestuario, sin embargo, mantuvo al Levante con vida a pesar de que Orriols, después de frotarse los ojos cuando Alejandro Quintero mostró amarilla a Luis Vázquez por un codazo sobre Raghouber tras una primera mitad con faltas reiteradas, se desquició en el momento que no se atrevió a mostrarle la segunda por una fuerte entrada a Manu Sánchez instantes más tarde. El nerviosismo comenzó a expandirse por las gradas del coliseo levantinista, sobre todo, cuando Espí, recibiendo un pase exquisito de Matías Moreno desde la retaguardia que le dejó solo frente a Soria, mandó una de las oportunidades más claras del partido por encima del larguero. No obstante, el silencio no se apoderó del Ciutat ante dicha ocasión, sino cuando Dela, ejecutando un penalti después de que Domingos Duarte derribase dentro del área a Iván Romero, se topó con Soria, que le negó el tanto adivinándole el lado de ejecución de su lanzamiento. Todo pareció navegar hacia otra decepción, dirigida hacia una distancia de seis puntos difícilmente salvable. Pero el equipo de Luís Castro, que en fe y entrega anda sobrado, encontró el gol que tanto ansió, y la victoria por la que tanto suspiró, a poco menos de 10 minutos para el final del partido. Espí, disparando por las nubes su idilio y su enorme estado de forma, cabeceó al fondo de las mallas un gol salvador que no estuvo exento de sufrimiento, ya que otro penalti, esta vez indicado por mano, fue parado por Soria a Iván Romero. Sufrimiento a raudales, sin duda. Pero esto es el Levante: pelear hasta el final y nunca perder la esperanza. A veces, y más en el fútbol, suceden hechos maravillosos. Y la salvación, sin duda, sería uno de ellos.
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