El pequeño Pogacar de Sant Joan de les Abadesses

El pequeño Pogacar de Sant Joan de les Abadesses

Desconozco el nombre del chaval. Sólo sé que lo vi en un cruce de Sant Joan de les Abadesses mientras me dirigía a la llegada de la Volta a Camprodon. No es habitual encontrarse a un chico -tendría unos 12 años; no más- solo por la carretera. A esas edades acostumbran a ir acompañados por alguno de los padres. Y, la verdad, trate de divisar a algún adulto cerca sin éxito.El chico hizo perfectamente las indicaciones y esperó que pasase un vehículo en sentido contrario antes de cambiar de carril. Todo con una experiencia tal cual llevase miles de kilómetros acumulados en las piernas. Verlo fue como una pequeña alegría, comprobar que a esa edad hay cantera deportiva sobre una bici, más allá del terreno de césped artificial y el grupo de niños y niñas dándole al balón mientras preparan el partido de fútbol del fin de semana.La selva de la carretera No pretendo esconder el temor que siempre sienten los padres al lanzar a los hijos a la selva de la carretera, aunque la zona del Ripollès suele ser más tranquila, casi un paraíso para practicar el ciclismo y con buenas pistas para los que se decantan más por el gravel o la bici de montaña.Pero nuestro protagonista, al que me permito bautizar como el pequeño Pogacar de Sant Joan de les Abadesses, reunía todo lo que un niño busca cuando ama un deporte: la práctica de este, una bici de carretera con buena pinta -le iba quizás un poco grande de talla- y sobre todo el uniforme de su ídolo. Vestía con la equipación oficial del UAE; casco, jersey y coulote, como el mismísimo fenómeno esloveno y como sus compañeros Isaac del Toro, Joâo Almeida, Adam Yates o Marc Soler, por citar unos pocos; era como uno más de la potente escuadra que arropa al número uno del mundo.Santander y CórdobaNo es la primera vez que veo a un chico de su edad vestido como Pogacar. La primera vez fue en la Vuelta, en Santander, con sus padres al lado. Sentí la necesidad de regalarle una bolsa de avituallamiento del Soudal que me había llegado vía Mikel Landa. La alegría del niño por el obsequio fue tremenda.Este invierno, en Andalucía, me encontré con otro niño, también solo, feliz y sudoroso vestido del UAE mientras mostraba su ciclocomputador -llevaba de todo en la bici, como un profesional-, con no más de 14 años; enseñaba la treintena de kilómetros que se había hecho solito no muy lejos de Córdoba.Convertirse en una estrella de ciclismo quizás es más difícil que lograr llegar a Primera División jugando al fútbol, porque, de hecho, hay una única Liga en la que juegan todos yendo en bici y no un montón repartidas por todos los países a golpe de balón. Valga el ejemplo de que este año existen solo unos 1.500 corredores profesionales frente a los más de 125.000 futbolistas que hay contratados por los equipos de cinco continentes. Así que llegar a lo máximo es aún más complicado.La fe de Rubèn PerisSer como Pogacar es tan imposible como tocar el balón al puro estilo Messi y mucho más convertirse en una estrella millonaria en éxitos y euros. Posiblemente el astro esloveno es de los pocos ciclistas que estaría entre los mejor pagados en la plantilla de un equipo de fútbol de los de postín.Pero la fe mueve piernas y montañas, la fe hace que la Volta haya sobrevivido a una crisis que la habría condenado a la desaparición si personas como Rubèn Peris, el presidente de la carrera, no hubiese luchado por ella hasta lo inimaginable. Y la fe, acompañada de una buena disposición física, puede convertir a nuestro niño de Sant Joan de les Abadesses, en una superestrella o por lo menos que se sienta feliz y crea que es el mismísimo Pogacar cuando se enfrenta a un repecho con éxito y con las fuerzas intactas.

March 27, 2026

Read Full Article
Source Information
SPORT
SPORT
Spain
Center