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El Barça da un mordisco definitivo a LaLiga en la gran noche de Ferran Torres
April 11, 2026
SPORT
Ferran Torres es de esos futbolistas que demuestran que el fútbol es un estado de ánimo. Todos los deportistas juegan a veces con miedo y otras con alegría, pero los más competitivos suelen ser los que menos tiempo pasan en el rincón de la duda. Ferran, que nunca deja de intentarlo, llevaba días necesitando marcar para volver a disfrutar y recuperar claridad.
Lo consiguió por partida doble contra el Espanyol con dos goles, el segundo consecuencia del primero, ya liberado de sus demonios, con un gesto delicado pero con la determinación del tiburón que tanto proclama.Después de marcar, y acercar más que nunca el campeonato al Barça (son ya nueve puntos con el Madrid), hizo el gesto de “hablad, hablad”, porque Ferran encuentra gasolina en el conflicto para ser decisivo. Su actuación fue el impulso que necesitaba el Barça, que terminó pasando por encima del Espanyol con dos goles más en la recta final.Contra la inerciaLos partidos de entreguerras obligan a combatir la inercia. No es fácil jugar con la inconsciencia de la mirada corta cuando tienes a la vuelta de la esquina unas semifinales de Champions. Incluso un derbi que puede sentenciar una liga puede hacerse pesado cuando ves de cerca las luces glamourosas de la Champions. En una muestra más de que vive en una burbuja saludable, Flick fue el primero en romper en la previa el relato históricamente dominante en el club —el que sostiene que LaLiga es lo primero porque da estabilidad— con contundencia alemana: “lo más importante es ganar la Champions”.Una declaración de intenciones que, sin embargo, perdió vuelo con la alineación. Flick no reservó a Lamine ni a Pedri para el miércoles. Las dos grandes figuras fueron titulares en un once con algunas novedades: Gavi haciendo de Rashford; Araujo como lateral derecho, Fermín de mediapunta y Ferran como ‘9’. La apuesta de Flick pareció un mensaje pragmático: si el Madrid te da la oportunidad de sentenciar LaLiga, hay que aprovecharla.Un gol terapéuticoEl Barça de Flick ha encontrado oro esta temporada de la manera más insospechada. Cuando el colectivo se tambalea y las individualidades chirrían, las jugadas a balón parado se han convertido en una solución recurrente. ¡Quién lo hubiera dicho en un equipo como el Barça! Históricamente alérgico a estas acciones, ahora las domina con soltura. Así llegó el primer gol del partido: un córner lanzado por Lamine, que él mismo había provocado con uno de sus lujos, y un remate de cabeza de Ferran Torres, que necesitaba este gol para recuperar la vitalidad. No marcaba desde enero y llevaba días arrastrando un cierto fatalismo: pocos jugadores hay tan transparentes como el delantero de Foios. Lo sabía Lamine, encantado de contribuir a deshacer el nudo de su compañero. Y el efecto fue inmediato: un Ferran desatado, pletórico tras marcar, hizo el segundo. De nuevo con el mismo cómplice: un pase con el exterior de Lamine y un golpeo suave, delicado, lleno de confianza de Ferran. Pero nada de esto habría sucedido si Gavi no hubiera ganado un duelo aéreo en inferioridad con el mismo impulso con el que Bakero superaba a rivales mucho más altos.Los llamados diferentes tienen sus excentricidades. Messi, por ejemplo, corría más con la pelota pegada a los pies que sin ella. Lamine tiene más precisión dando un pase al espacio con el exterior que con el interior. Cosas de cracks.El Espanyol aprietaEl Barça comenzó la segunda parte con algún cambio, la entrada de Casadó por un Gerard Martín tocado, pero con la intención de rematar el partido por la vía rápida. Lo intentó a través de un Lamine poderoso, incontenible por momentos, pero sin el acierto definitivo en los metros finales.Fue Ferran quien volvió a enviar el balón al fondo de la red de cabeza, como en el primer gol, aunque esta vez anulado por fuera de juego tras la intervención del VAR.Lo aprovechó el Espanyol para recortar distancias, con un gran disparo de Lozano, que supo sacar partido de un rebote. Apretó el Espanyol pero el Barça lo atropelló en la recta final con dos goles más. Primero marcó Lamine, que se llevó el balón ante Dimitrovic para marcar a puerta vacía. Y después Rashford, que remató de maravilla un centro de De Jong. Una noche redonda que terminó con el Madrid a nueve puntos y entre gritos de “sí se puede” con la mirada en la Champions. Porque sí, el fútbol es un estado de ánimo.
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