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Análisis | La tiránica labor de entrenar al Hércules
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Análisis | La tiránica labor de entrenar al Hércules

April 7, 2026
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Llega un momento en la vida de cualquier periodista deportivo que el único con más edad que él dentro del club es el dueño del equipo. No tiene mérito personal, solo hace falta suerte a paladas para seguir ejerciendo el oficio. A menudo, los entrenadores lo desdeñan, o se olvidan, o simplemente no lo piensan. Y se sientan en las salas de prensa sin caer en la cuenta de que no son únicos, que no son los primeros que lo hacen, que antes que a ellos, quienes en ese momento tiene enfrente, han visto en esa silla a muchos, a demasiados, tal vez...

Análisis | La tiránica labor de entrenar al Hércules

con todo lo negativo que eso conlleva para la salud de una entidad futbolística.No es fácil ser juzgado a diario, que tu mérito se mida en resultados con mucho margen para lo inexplicable, que no haya una relación causa-efecto en tu tarea, que tu vida laboral dependa de tantos intangibles, que se puede hablar con ligereza de ello desde fuera cuando de lo que tú haces nadie sabe más que tú... y es verdad. Opinar es en apariencia sencillo, igual que sentirse atacado en una eterna paranoia que se potencia si el balón no entra, si no ganas lo suficiente como para presentar esos registros como escudo indestructible, impermeable a la valoración ajena, al análisis periodístico, al que realizan esos cenizos, agoreros y nihilistas apesadumbrados que te cuestionan, que te interrogan con enunciados que a ti te resultan capciosos. Antes, los enganchones (generalmente no pretendidos ni buscados) se quedaban en el anecdotario del día a día, se los desayunaba la rutina, ahora se tornan espectáculo y carnaza de consumo viral. Pero por encima de todo eso, del ruido, de los gestos ásperos y las respuestas secas, de los careos tensos, está el trasfondo, la experiencia amontonada en la memoria que sirve para la detección instantánea de los signos que activan el deterioro de los proyectos. Cuando el discurso táctico del entrenador, bien elaborado, bien defendido, bien cuidado, no tiene efecto ni en el campo ni en los resultados se abre la puerta a turbulencias a menudo bastante predecibles. Y es ahí donde hay que poner el foco. El otro gran signo de que hay que dejar de buscar enemigos y centrarse en la tarea son las declaraciones. Se oye mucho. Cada temporada. En el nuevo fútbol y en el viejo. El entrenador bendice el trabajo «increíble» que realizan sus chicos durante la semana, su manera de ejercitarse «como animales», su entrega, su dedicación excelsa, su compromiso inquebrantable, y luego, por lo que sea, cuando el modo de manejarse sobre la hierba de los tuyos dista mucho del que esgrimes en la exposición de tu modelo futbolístico, entonces llegan las declaraciones gruesas señalando a esos a los que solo unas horas antes has elevado a los altares de la profesionalidad.«Hemos jugado 70 minutos indignos de la camiseta y el escudo del Hércules. ¿Cómo vendo yo un ‘play-off’ después de un 4-0 y de arrastrar la camiseta? Si no lo demostramos, del nombre no podemos vivir. Lo que tengo que hacer es morirme cuando me pongo esta camiseta». Todo eso lo dijo Beto Company después de que el Alcorcón, que solo había ganado cinco partidos en su estadio de 15, que había anotado 15 goles en todas esas citas como local, le metiera cuatro (y gracias) al Hércules el día que su portero fue el mejor de largo de la plantilla. Está uno tan enfadado, y tan seguro de sí mismo porque le acaban de renovar (sin ser necesario, ni urgente para ninguna de las partes, ni seguramente útil), que se queda a gusto: «Toca apretar, quien quiera bien y el que no, sabe que la puerta es muy grande. Fuera de Alicante hace mucho frío».De la idolatría y la idealización, al vilipendio, el señalamiento y la amenaza en 90 minutos. Nombrando sin nombrar, pero dirigiendo el foco hacia quienes tienen que poner en práctica un modelo de juego que ya es muy difícil de ejecutar en la élite mundial, que muy pocos lo hacen, que en el laboratorio y en la pantalla siempre sale bien, pero que luego en el campo cuesta horrores.Vender humoSi alguien hizo el ejercicio valeroso de escuchar a Beto el jueves más allá del episodio alcalino con el periodista, descubrió que, a pregunta de ese sujeto, solo señaló momentos puntuales en los que su sistema funcionó y le convenció. Y llevaba razón. Pero también sacó a la luz la falta de regularidad. La otra, la de efectividad, la corroboran los números.El Hércules, con Beto en el banquillo, ha sumado 29 puntos en 19 partidos. Ha ganado 7, empatado 8 y perdido 4. Eso supone que se hayan dejado de sumar el 50 de los puntos. En matemática más ultra, se puede decir que el valenciano firma una media de 1,5 puntos por partido. Restan siete fechas, de modo que, manteniendo sus registros, en contra de lo que sostuvo la semana pasada, el Hércules cerraría la temporada regular con 53 puntos. Así que, o mejora sensiblemente su estadística, o dirigirá el proyecto de nuevo en la tercera categoría... salvo milagro. Vídeo ID: 128695874Salir triunfal de la comparación con Rubén Torrecilla es fácil, pero el cese no se efectuó para perder menos que él. Usarlo como arma vale de muy poco. El técnico que logró el último ascenso se fue de Alicante convencido de que con cuatro retoques haría funcionar al equipo. Difícilmente el Hércules podrá mejorar el factor corrector a la plantilla que ha aplicado este invierno, no hay más que ver cuánto han necesitado todos ellos para ser titulares y su incidencia en el juego.El reemplazo se produjo por desgaste, porque había margen, pleno convencimiento de que la promoción era factible y el tiempo del anterior preparador se había agotado, que se había exprimido todo lo que podía darle al vestuario. Una sola semana ha pasado el Hércules entre los cinco primeros, y fue la inaugural. Después, en las 30 restantes, nada. Mejorar es otra cosaLa analogía con su antecesor no debe hacerla el actual entrenador blanquiazul comparando el número de derrotas solamente. Ahí sale ganando (por ahora). Por lo que debe sacar pecho es por mejorar algo que tampoco sabía resolver su predecesor, el comportamiento y el rédito del equipo como visitante: una victoria en 13 meses. También ser capaz de enlazar triunfos. Con él aún no se ha logrado y de los aspirantes al ascenso es el único que no lo consigue. Ahí hay que posar las comparativa, los paralelismos.El sistema de Beto entra mejor por el ojo, puede llegar a ser divertido (aún más si lo ves sin ser aficionado blanquiazul), pero tiene que valer para lo que se plantea; de lo contrario, ser solo valiente no sirve porque la valentía es tan útil como la aparente cobardía, por desgracia, en el fútbol. Es solo una elección personal. Lo imperativo es que ayude a sumar de tres en tres.El Hércules es especialista en ponerse trampas a sí mismo, en no aprender. El final de liga que protagonizó Rubén Torrecilla el ejercicio anterior lastró el comienzo del actual. No se le renovó porque no hacía falta, tenía ya asegurada su continuidad de serie, y no se actuó en contra de toda opinión lógica. Podía haberse aprendido de ello, pero no, se vuelve a forzar la posibilidad de que se repita el episodio. Torrecilla también alababa y acusaba a su plantilla en 48 horas. Lo recuerdo, no lo soñé. Mala cosa.

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